En esta ronda tengo enfrente un niño de unos 8-10 años, con una camiseta de un club d'escacs de no sé dónde, y con bastante nerviosismo. No se estaba quieto, bostezaba, hacía gestos, me miraba,... Y la verdad es que el niño tenía un nivel fortísimo, entendía bien la española y además calculaba bien. Llegué a estar totalmente perdido después de que me montase un ataque español en toda regla, por hacer un par de jugadas flojas. Perdí calidad y tenía una posición horrible.
Pues resulta que el chaval empezó a confiarse y a jugar sin pensar demasiado, hasta que conseguí actividad y posteriormente se dejó un golpe táctico.
Luego se cogió un berrinche tremendo. En fin, supongo que estas cosas son también parte del aprendizaje.
Lo único positivo yo que saqué de la partida, fue el tesón de luchar en una posición perdida, porque la partida era para llorar por ambas partes.
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