Esta vez, mi oponente es un chaval de unos 11-12 años, de Emiratos Árabes. Ha venido una buena cuadrilla de ellos con dos adultos, que debían de ser los profesores. El profesor fue uno de los dos que empató con Ivanchuk.
El chico realiza una apertura dudosa y me quedo con un peón limpio de más en una francesa. El caso es que me empiezo a liar, no doy con las buenas y el negro acaba encontrando un contrajuego que no merecía.
Al final, derrota. Pasando luego la partida por el ordenador, creo que las últimas seis o siete jugadas mías no las daba ni por asomos.
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